click en la imagen para ver más grandeInterior. Un cuarto. Jueves 29 de diciembre del 2005, siete de la tarde, invierno a 30 grados centígrados. Ciudad de monterrey, estado de nuevo león, méxico. Acabo de regresar de caminar, he colgado 4 veces mi teléfono celular. Tengo mis audífonos puesto ,escucho un mp3 de bob Dylan, a hard rain´s a-gone a fall. Quería escribir un diccionario, revisaba cosas escritas ,porque recordaba alguna vez haber comenzado un diccionario, escribí apresuradamente tonterías, palabras sueltas o ideas en voz alta como suelo llamarle a eso, para luego corregirlas y/o aumentarlas, y me encontré con este manifiesto.
Apareció impreso, inmediatamente acordamos editor y yo no firmarlo, solo poner una breve leyenda que dijera que es un texto que se había encontrado pegado en una cabina telefónica. No recuerdo la fecha exacta, pero si recuerdo que lo escribí todo, tecleando directamente, sin ninguna experiencia previa en manifiestos.
Lo he vuelto a leer. No me intereso modificar nada, es una vomitada, es un juego de apuntes sueltos recolectados durante años, es inservible , es ‘yo respirando en armonía con lo irremediable’ , y aún así me atrapa. Me calentó la cabeza cuando leí el número siete, porque ese lo escribí pensando en la ocasión que los vecinos de la casa de enfrente amenazaron a mi hermano menor , en ese entonces de unos 14 años, dos sujetos , uno de ellos sin pensarlo corrió y saco detrás del asiento de su camioneta roja una macana NUEVA. La alarma de un carro se activaba constantemente, los únicos presentes en la calle en ese momento éramos mi hermano y yo, y por tanto los culpables. No hay día en que no piense en la manera de matarlos sin que me atrape la ley, sin que se entere mi familia, y sin que el remordimiento me convierta en alguien tan diferente a lo que soy ahora o tan parecido a lo que mi odio y rabia quiere dejar sin vida.
Siete horas con siete minutos, apago el celular. Grita.
qué ha sido de ti.
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