Silencio, éxito y arte.
Es sabido por la mayoría de los mexicanos que esta ciudad creció y se afianzo como capital industrial y comercial gracias a el éxito nacional e internacional en los negocios de muchas empresas fundadas aquí en Monterrey. Una de reglas básicas de los negocios es el silencio -en sus diferentes formas-. Lo podemos leer recomendado en casi cualquier libro de negocios.
Se piensa y dice que no hablar mal de la competencia es señal de profesionalismo. Si al conversar con posibles socios comerciales desacreditamos a la competencia contando sus deficiencias o fracasos, sean estas o no verdad, se dice que es antiético. Quién exponga las carencias o malas prácticas de sus competidores posiblemente vea reducidas las probabilidades de cerrar el trato para una nueva sociedad empresarial, se interpretará como alguien problemático, grillero y por lo tanto complicado para llevar una relación laboral o comercial a largo plazo. Silencio igual a profesionalismo.
También existe el registro de una patente, el secreto professional de guardar la lista de proveedores que vuelve efectivo tu servicio, la receta secreta para cocinar un platillo, por mencionar varios ejemplos de diferentes formas de silencio convertidos en herramienta de trabajo.
Hay que entender que no solamente en áreas profesionales se utilizan estas formas silenciosas, también inventamos y usamos otras formas a nivel personal porque queremos evitarnos dolor -como si en verdad pudieramos lograrlo-.
Por ejemplo, sabemos que algún familiar engaña a otro y guardamos silencio para evitar dividir nuestra familia. El tímido joven que no se anima a expresar sus sentimientos a la mujer que le gusta, por miedo a ser rechazado, prefiere callar. Evitamos pasar por traidores con amigos, y aunque sepamos que los amigos hacen cosas en contra de la ley, que nos afectan en el campo professional o la sociedad en general, no protestamos. Un ejemplo más clásico es cuando dos personas logran sobrellevar diferencias pasadas, se piensa y dice “amigos de nuevo y no se hable más de aquel asunto”.
Es debido a esta relación con el éxito o con buscar evitar dolor, que el silencio en sus diferentes formas se reconoce en nuestra sociedad como señal de inteligencia, como una habilidad envidiable, una actitud que hay que imitar. A mi juicio esto a provocando lo que yo llamo un silencio a medias –se habla a medias, se lee a medias, se entiende a medias- y que afianza la idea equivocada de que si callas conquistarás el éxito.
Pensaba en todo lo anterior después de leer una crítica en torno a la exposición “La voz de mis manos” retrospectiva del escultor regio Jorge Elizondo, que se presenta actualmente en el museo MARCO. Después de visitar la exposición el crítico de arte Eduardo Ramírez concluye que lo que vió puede ser utilizado como un manual sobre como no hacer una exposición. Lo plantea en varios puntos: salas saturadas, pone en duda que la obra sea capaz de hablar por si sola y por eso que requiera tanta información extra –fotos,videos,textos- y se pregunta si a caso la tesis de la exposición es hacernos ver a Elizondo como si fuera el redivivo Miguel Ángel. El texto hace referencia exclusivamente a la idea o concepto de ‘exposición’ y explica claramente sus puntos de vista, nunca hace una referencia o ataque personal a nadie, aunque si incluya en el texto lo nombres de ciertas personas que estuvieron involucradas en la organización de la exposición.
En contraste, están los comentarios que varia gente ‘profesional’ del medio del arte local me han hecho llegar a mi directamente a raíz de ese mismo texto. Lo que Eduardo escribió les parece exagerado, no les gusta ni su punto de vista, ni la manera en que lo dice. Piensan que se quiere hacer pasar por un experto muy exigente, que las exposiciones en las que ha participado fueron peores que ésta de Elizondo. Lo irónico es que esos ‘profesionales’ dicen y piensan más o menos lo mismo que Eduardo. A esos ‘profesionales’ no solamente les parace de bajo nivel esa exposición, también muchas otras de las exposiciones que a presentado el museo MARCO a lo largo de sus 20 años. La diferencia es que ellos se niega a publicarlo, compartirlo o expresarlo abiertamente.
No opinar, no criticar, no denunciar son también formas del silencio y basta ver nuestro entorno social actual para entender que eso no nos ha traído buenos resultados. A juzgar por la diferencia en los resultados -el éxito o el fracaso, el dolor y el gozo- habríamos de empezar a aprender que hay diferentes tipos de silencio.
No digo que solamente por publicar su postura Eduardo -o quién sea que lo haga- automáticamente sea más professional -se trate del campo del arte o de cualquier otro- pero si es necesario poder expresarse sin temor, defender con argumentos las ideas de cada uno, saber que no es posible que todos coincidan, o que las diferencias y la libertad de poder expresar los desacuerdos son bievenidos. Así es como tarde o temprano el campo del arte aquí en Monterrey podría crecer a un nivel profesional. Detras de este tipo de reacciones y comentarios a espaldas de quién si comparte su opinión, queda en evidencia que en el medio del arte lo que se busca y espera de los ‘profesionales’ involucrados es que apoyen con silencio a medias, o que opinen solamente si estos van a decir piropos.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada